Sonó el celular, eran unos amigos de Ciudad de México, me habían escrito hace unos días para invitarme a subir esa montaña. Lo pensé un día, luego compre el vuelo y llene la maleta con el equipo de montaña.
El entusiasmo de estar próximo a un viaje es siempre una sensación que genera una motivación especial que utilizo a mi favor en mi vida diaria.
Volé un viernes, saldríamos a la mañana siguiente para emprender nuestro viaje a un poblado cercano al volcán Pico de Orizaba, los paisajes cercanos a las faldas del volcán me recordaban a los paisajes vividos en Perú, los pastores con sus rebaños sobre los caminos, los pastizales y el amarillo de aquellas flores.
Hicimos las últimas compras y aproximamos al Valle del Encuentro, suerte aquella la que tuvimos para que la última camioneta nos aproximara al refugio donde pasaríamos el resto de la tarde descansando para comenzar a caminar a la una de la mañana.
Para ser honesto, jamás había puesto mi cuerpo tan al límite y tener esa viva sensación de que podría meterme en problemas no para seguir, si no para volver, entonces me detuve y admire ese amanecer sobre un mar de nubes, el amanecer que podrán apreciar en las fotos de este viaje.










