Lo imaginaba, lo imaginaba mientras miraba como se mecían las flores en aquel árbol ese viernes soleado, podía apreciar su característica corteza parecida a la de aquel de hermosas flores amarillas, mientras ese pájaro se balanceaba con tranquilidad en la rama. Lo imaginaba, aquellos dos arboles eran familiares, hasta esta tarde no lo sabia, entre directo al buscador y los encontré a todos, son familia. Pero aun que lo supiera, lo sigo viendo y me viene el recuerdo a la mente de aquella frase de Pablo Neruda («Quiero hacer contigo, lo que la primavera hace con los cerezos»), siempre he deseado ver los cerezos en Japón pienso cada vez que miro las flores de estos arboles.
Había detenido el paseo, entonces ella pregunto ¿puedes ver algo, tomaste alguna?
Deje de imaginar y asentí con la cabeza, me encontraba a varios metros al otro lado de la calle y no, no había hecho ninguna foto, tenia el zoom del lente a fondo y solo estaba observando el árbol, ya le conocía, el sol caía y los tonos se volvían mas cálidos, tome la foto, me olvide del mundo que miraba a través de mi lente y seguimos caminando.



